Category: Relatos

Hilos

Caminamos por un fino hilo sobre un precipicio. Tememos caer, tememos morir. Nos miramos desde la distancia, pidiendo ayuda, enfermos de nosotros mismos, callados por monstruos. Miramos el polvo acumulado en el hilo, ese que nos advierte de que el tiempo va deprisa, que nos pisa y nos acecha, nos mata aun estando vivos. Tendemos nuestras manos por si acaso no hay vacíos, por si acaso no existen. Pero estamos rodeados de él, ya ni siquiera queda aire, es hasta visible, el fuego que nos devuelve el pasado. Y hace viento, y nos balancea, y en un instante, el miedo

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Canciones

Silencio… Dos notas de piano que avanzan entre el ruido. Desaparecen. Vacío… Oscuridad. Dos gotas de luz se encienden. Tus ojos. Me miran. Sonríen. Y entre vacíos y espacios te acercas lentamente hacia mí. Te noto. Te siento. Te alcanzo. Aun estando a 1000km de ti. Escribo en el aire las canciones que compuse, con sangre, como si fuese tu cuerpo. Y esas dos notas de piano se confunden con las gotas de luz y forman cristal en tu cuerpo. Brillas. Reluces. Tan menuda, tan frágil. Tan tú. Qué decir, si escribo versos en el aire. Qué decir, si ya

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Noche sin título

Podría marcharme. Ahora que ya no queda nadie. Ahora que hay tanto silencio que me ensordece y me agobia, me pierde. Ahora que tan solo quedan ecos de lo que fue. Pero sobre todo de lo que no fue. Podría marcharme. Ahora que el coche está lleno de ropa y vacías de recuerdos, tal vez ninguno. Ahora que ya no queda nadie que pregunte la hora de vuelta, ni dónde estaré, ni decirme que tenga cuidado. Ahora que ya he perdido toda esperanza. Podría marcharme. Y esta vez sin peros en la historia. Empezar a andar y recorrer un camino

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Ser feliz

Hoy he decidido que voy a ser feliz. Sí, llamadme raro. Es una locura, lo sé. Sé que ahora mismo os estaréis arrancando los pelos de la cabeza, que estaréis gritando en todas direcciones un por qué, que no entendéis por qué voy a intentar semejante memez. Memez: dicho o hecho propio de un memo. Soy un memo. Gritadme, tiradme a los leones, quemadme en la hoguera, pero ya está decidido, no me vais a convencer. Estoy decidido a ser feliz. Quiero levantarme por las mañanas, mirar el sol incipiente y saltar de la cama como el que va a

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Olvida

Pintamos de arrugas las sábanas de esa cama que fue testigo de nuestros secretos. Dibujamos cada imperfección porque estábamos hechas de ellas, y las contábamos. Y en nuestros cuerpos desnudos hicimos de la vergüenza un arte y del rubor una estocada al compás de cada grito, de cada aliento, de cada suspiro. Estamos hechos de recuerdos, de memorias cantadas entre sábanas y luces apagadas. Recuérdame… Mis dedos, pero no mis ojos. Mis labios, ni siquiera mi cuerpo. Recuerda los instantes y no me pongas rostro, porque será lo que te duela. Te dolerá cada momento feliz que viviste conmigo. Te

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Existencia

Hola. Sí, te hablo a ti, que me estás leyendo, que atrapas cada letra y la procesas, que fotografías cada instante y lo haces nuestro. Te hablo, y ni siquiera sé si existes. Tú, que quizá estés en un rincón apartado del mundo, esperándome. Tú, que algún día dormirás abrazada a mí, esperando que no salga el Sol. Tú, que piensas en mí y ni siquiera sabes si existo. A ti, que te quiero sin conocerte, que te sueño y no sé tu nombre, que te olvido sin siquiera haberte recordado. A ti, que estás mirando esta misma estrella que

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Dioses e infiernos

Llueve… A cada instante, una gota, dos, tres… Recorre mi cuerpo, confundo sudor y agua, miro hacia arriba y mil dioses me observan esperando el siguiente movimiento. Ríen, cantan, bailan, y la tempestad son sus copas brindando en la más ruinosa de las tabernas, burlándose de los tristes humanos, que nos preocupamos de problemas mundanos. Qué sabremos nosotros… Soy un juego, velan por mí, estoy encima de la mesa y sus ojos están fijos en mí. Me siento pequeño. Silencio. Se miran, ¿qué hago? No lo sé. El sudor recorre mi cuerpo e intento dar el primer paso. Me cuesta,

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Respuestas

Dicen que cuando crees conocer todas las respuestas, el universo te cambia todas las preguntas. Maldito universo. Maldito y maravilloso universo. Que me lía y me dispersa, que me ciega y me perturba, que me da la vida, todo a la vez. Nunca he conocido todas las respuestas, ni siquiera he llegado a acercarme. Sin embargo, la bola va a un ritmo tan vertiginoso que me mareo, y ya solo me queda cerrar los ojos. Cerrarlos y, tal vez, lanzarme al vacío. Sin saber si alguien salta conmigo. Sin saber de cuántos metros es la caída. Sin saber si hay

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Siempre

Entre esos miles de puntos que dan forma a la ciudad. Entre esas miles de gotas que salpican de luz cada calle, cada rincón, insignificantes en la distancia. Entre ellas, ahí estás tú. Feliz. Te veo, aun sin verte. Sonríes por la vida, por lo bien que han ido las cosas, por la suerte que has tenido. Olvidada ya de ti, de mí, de nosotros en plural. Olvidada de todo lo que conocimos. Nunca nos olvidaremos, decíamos, pero ya no sabemos ni quienes somos, puntos de luz en la distancia, simple imaginación de si estás bien o si estás mal.

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Puedo

Suspiro. Cierro los ojos. Suspiro. Agacho la cabeza. Y al volver la vista atrás… Veo los flashes de recuerdos mejores, instantes enmarcados en gloria que barrieron todo lo que encontraron a su paso, que sacaron espada y escudo ante monstruos y gigantes, batallas que quedarán para la historia, esa en la que David gana a Goliat y se levanta sobre mil hombres que yacen malheridos, derrotados, caídos porque pensaron que podrían conseguir la victoria. Nadie dijo que podría hacerlo. En ese momento todos creyeron que moriría intentándolo. Incluso yo mismo. Pero no, caí, me levanté, vencí, luché contra todo lo que

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