Carta a mi yo opositor

Hola,

Llevo ya un tiempo sin pasarme por aquí. La vida me mantiene atrapado y lo cierto es que, aunque por dentro me muero de ganas de compartir nuevas reflexiones, libros o canciones, cuando termina el día no me quedan fuerzas para sentarme un rato más frente al ordenador.

La vida o la oposición, que en este momento es lo mismo.

Me vais a permitir que hoy sea un poco egoísta porque vengo a escribirle a mi yo del futuro, ese que, en un par de meses, podrá sentarse en el sofá sin sentirse mal porque los apuntes le están esperando en el escritorio, ese que podrá dormir por las noches sin soñar que está redactando un tema, ese que podrá permitirse escribir las historias que tiene en mente sin pensar en los «debería de».

A ti, Javi, que has terminado el proceso opositor.

¿Qué tal, cómo ha ido? Mentiría si dijera que no quiero saberlo, que no quiero ver el futuro y saber si todo ha merecido la pena, que no quiero averiguar el tema que te salió en el examen o si estabas muy nervioso el día que te tocó exponer delante del tribunal. Me encantaría ver el futuro y descubrir cómo ha ido, pero, como no es posible, me voy a limitar a recordarte quién eres.

Eres músico. Adoras cantar, lo haces encerrado en tu cuarto para no molestar a los demás y te encantaría aprender a tocar mejor la guitarra, también a tocar ese piano que lleva meses cogiendo polvo e incluso mejorar la voz porque te jode desafinar y lo haces mucho. Una de tus maneras de expresarte es componiendo canciones y, oye, no se te da nada mal porque se pegan en la gente y difícilmente la abandonan.

Eres melómano. Te pasas el día escuchando música y no podrías vivir sin ella. Te despeja, te libera, te hace emocionar y te da justo lo que necesitas a cada instante. Quieres ir a tantos conciertos que te va a faltar dinero y tiempo para verlos todos, te provocan recuerdos eternos, vivencias que se quedan contigo siempre, y eso impagable.

Eres escritor. Te encanta inventar historias, hablar sobre la vida e incluso reírte de ella. Llevas unos meses perdido porque el síndrome del impostor es gigante y a veces te preguntas qué coño haces tú en este mundillo. Pero tienes una historia increíble pillando polvo en un cajón y otras tantas en la cabeza, esperando a que les des una vuelta. Están ahí, lo sé, aunque ahora no las veas de forma tan clara. Y joder, has publicado un libro, ¿cuántas personas han logrado hacer eso? Hay algo en ti, eso no lo hace cualquiera.

Eres deportista. Te apasiona sentirte bien y ver que eres capaz de todo, seguir cumpliendo años y estar cada vez mejor. Te gusta ayudar a los demás a conseguirlo, motivarles a llevar una vida sana y que te acompañen a ti en el camino, recorrerlo juntos. Te encantaría llegar a viejo con plenas capacidades y estás dispuesto a conseguirlo. «Morir joven lo más tarde posible», dices. Desde luego, no me parece mal el lema que llevas por bandera.

Eres un amante de la naturaleza. Tu sueño es recorrer el mundo en furgoneta, despertarte, abrir la puerta trasera y tener el mar enfrente tuya, tal vez un inmenso bosque del que no acabas de ver el final. Quieres hacerlo al lado de la chica más increíble del mundo y, a ser posible, una enorme perra que nos acompañe en nuestras aventuras. Te encanta tumbarte a mirar estrellas y escuchar los sonidos de la naturaleza, ver lo pequeño que eres, sentir la inmensidad que te rodea.

Eres valiente. Te dan vértigo los cambios y los afrontas con el mayor miedo del mundo, pero te adaptas bien a ellos. Lo hiciste cuando te fuiste a vivir a Almería buscando el sueño de ser maestro, dejando todo atrás, también cuando te tocó irte a Barcelona de la noche a la mañana para seguir cumpliendo el sueño. Has conocido gente increíble y has logrado dejar, al menos, una pequeña huella.

Eres amable, siempre estás dispuesto a echar una mano y, aunque a veces esa mezcla de introversión y tender a ir a tu bola te juegan malas pasadas, has conseguido tener a tu alrededor a la gente perfecta para ti, que te cuida y se preocupa por ti, que te hace bien. Y oye, eso no es nada fácil.

No me enrollo más porque tampoco quiero que pienses que soy un pesado. Eres muchísimas más cosas, pero me centraré en una última que no debes olvidar.

Eres maestro. Sí, sí, lo eres, créeme. No sé cómo ha ido todo, no sé si el proceso ha salido como tú querías y ahora mismo estás celebrando o llorando por cualquier esquina. Pero, sobre todo en el caso de esto último, debes recordarlo, lo digo una vez más: eres maestro. Da igual el resultado, cómo haya ido todo y si te han puesto más o menos nota, no me importa, un número no va a decir lo que eres. ¿Sabes quién lo dice? Todo el trabajo que has hecho para llegar hasta aquí. Lo dicen los cuatro años de carrera con los que aprendiste a querer cambiar el mundo, el año de máster de infierno que te enseñó lo fuerte que eres. Lo dicen todos estos meses de jodida constancia que has tenido, todos los momentos en que has querido abandonar y no lo hiciste, los instantes frente a los apuntes en que tuviste que lidiar solo con tu cabeza y demostraste tenerla bien amueblada.

Lo dicen, sobre todo, los niños y niñas a los que has dado clase, esos a los que has acompañado durante un trayecto de su vida y, tal vez, te recuerden siempre. Los niños y niñas que han aprendido algo contigo, a los que has estimulado y motivado a preguntarse el por qué de las cosas, a los que has hecho incluso reír porque la escuela no debería ser tan aburrida. Lo dicen también los compañeros y compañeras de profesión que has tenido, esos con los que has compartido momentos increíbles y te han enseñado tanto.

Eres maestro tanto si lo dice un papel como si no, tanto si has logrado ese puesto que deseabas como si no. Porque la vida es mucho más que un papel.

Y, ¿sabes lo mejor de todo, el por qué he querido escribirte esto?

Que eres muchas cosas, tantas que casi no se te puede definir.

El resultado de este año que has vivido no te define en absoluto, pues eres mucho más que eso, todo lo que he recitado anteriormente y otro tanto que me dejo por el camino. No eres un número o una nota, no eres mejor ni peor que los demás. Eres simplemente tú, alguien que tiene toda una vida delante y a la que le esperan cosas maravillosas que nada tienen que ver con este proceso.

Este año solo significa una mísera parte de tu existencia que, probablemente, dentro de un tiempo, apenas sea importante, apenas signifique algo para ti. Tanto si ha ido bien como si ha ido mal, vas a sentir, te vas a emocionar, vas a querer, vas a pelear por lo que quieres, vas a lograr otras tantas cosas que tienes en mente, vas a disfrutar, vas a vivir. Este hecho no es más que un mísero punto de tu existencia, uno más de los tantos que giran alrededor de ti. Con el paso del tiempo, se hará tan pequeño que apenas será imperceptible.

A veces deberíamos dejar de darle importancia a las cosas que nos parecen importantes, pues en la mayoría de los casos no lo son tanto. Todo, menos la muerte, tiene solución, y quizá en un tiempo hayamos olvidado lo que ahora tanto nos preocupa.

Así que nada, mi querido yo del futuro. Espero que te haya ido bien, pero, si no lo ha hecho, prométeme un par de cosas:

Vive este verano todo lo que no has hecho en estos dos años. Viaja todo lo que puedas, visita mil lugares, acude a los conciertos de los grupos que tanto te gustan e incluso emborráchate si te apetece. Relájate en la playa y respira aire fresco en la montaña, vive el mundo que te rodea.

Y lo más importante: no olvides tus pasiones, escribe, lee, canta, toca la guitarra, haz lo que verdaderamente disfrutas aunque no puedas vivir de ello, pues eso es más importante que cualquier examen, nota y mísero euro que puedas ganar.

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