Diario secreto de Nadie (día 28)

Hoy he dibujado por primera vez desde que me echaron del trabajo.

He terminado de desayunar, hoy una tostada con aguacate y salmón y un café bien largo, casi americano, y me he quedado unos minutos mirando a la nada. Me preguntaba por qué coño no había cogido aún la tablet y el lápiz. Creo que hacerlo me hubiese agobiado, me hubiese hecho sentir la sensación que tenía en la empresa, esa de tener muchas cosas que hacer y no llegar a nada, absolutamente a nada.

Llevaba tiempo sin disfrutar al dibujar.

Y por fin esta mañana he sentido el impuso de hacerlo.

Lo he hecho primero con cautela. Me he preparado un zumo de naranja y he abierto un paquete de croissants que ni sabía que tenía. Me ha venido bien, necesito el dulce cuando dibujo, es como si, al usar mis energías, al concentrarme, perdiera todo el azúcar que tengo dentro y necesitara reponerlo al instante. He abierto el programa de la tablet, he cogido el lápiz y, mirando el dibujo en blanco, me he comido un par antes de empezar.

Luego he cogido el lápiz con más fuerza y he empezado. Al principio me ha costado, no tenía mucha claridad en mi mente y supongo que transmitía ese cielo nublado a mis manos. Las líneas me salían torpes y gruesas, sin mucho sentido. Paraba, pensaba, miraba a Jolie, que estaba tumbada a mis pies, ella me miraba, y entonces volvía al dibujo, al trazo, a la magia de dibujar lo que ves con los ojos cerrados.

Y el cielo se ha ido despejando.

Joder, qué bien me he sentido cuando mis manos han empezado a ir solas, cuando sin apenas pensar salían de ellas los trazos que imaginaba e iban formándose las imágenes y colores. He llegado a un punto en que me he olvidado por completo del zumo y los croissants y mis ojos solo miraban a la pantalla, ni siquiera a Jolie. En la tablet iban apareciendo los personajes de algunas de mis novelas favoritas: Percy Jackson; Patrick, de Las ventajas de ser un marginado; Eleanor, de Eleanor y Park; y Magnus, de Cazadores de sombras.

Me he ido de este mundo, me he ido y he vuelto nueva.

Ahora me siento rara. Estoy eufórica por lo que ha pasado, por lo que he vuelto a vivir, por disfrutar por un momento del dibujo, de lo que me gusta de verdad. Pero al mismo tiempo tengo miedo de que haya sido un espejismo y no me vuelva a sentir así, que ese trabajo de mierda me haya hecho más daño del que pienso.

No sé, ¿por qué coño soy tan negativa? He dibujado, he disfrutado el momento y ya está, no tengo por qué pensar estas cosas. Voy a pensar que irá bien, que esto ha sido un paso importante y que, poco a poco, volveré algún día a ser yo.

De verdad deseo que ese día no se encuentre lejos.

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