Diario secreto de Nadie (día 14)

Esta mañana ha venido mamá a casa.

Cuando ha sonado el timbre ya sabía que era ella. Es la única que se presenta sin avisar. Siempre me dice que en su época no avisabas a nadie antes de ir a su casa, te presentabas y listo. Las llamadas por teléfono eran muy caras y no podías permitirte llamar solo para decir lo que ibas a hacer, era absurdo. Intento replicarle que ahora todo es mucho más fácil, pero no me escucha. Hace tiempo que no me escucha.

Me ha pillado en bragas y ni siquiera me había hecho un café, así que he andado medio dormida por la habitación en busca de algo que ponerme. He encontrado poca cosa, así de primeras, un chándal desteñido que debería haber lanzado a la basura hace siglos y una camiseta blanca. Jolie me ha mirado con cara de desaprobación y le he pedido perdón en silencio. Mira oye, una no puede estar mona siempre.

Al abrir, mamá me ha dado un abrazo al cual no he sabido reaccionar. Nunca se me ha dado bien eso de abrazar, no sé que hacer con las manos y acabo dando palmaditas de consolación en la espalda. Una horterada. Me ha dicho que sentía lo de mi trabajo, supongo que se lo ha dicho Eloy, y me ha ofrecido volver a casa y marcharme de este cuchitril.

Sí, mamá, un cuchitril, pero es mi cuchitril.

Odio cuando es tan condescendiente conmigo, como si creyera que no sé apañármelas sola.

Bueno, joder, tal vez sea cierto.

Ha estado toda la mañana en casa. He preparado café y hemos desayunado juntas mientras, de fondo, cuatro tertulianos políticos se echaban los trastos a la cabeza. Cuando estoy con ella no sé cómo sentirme. Me habla como si tuviese aún diez años, incluso su voz parece diferente conmigo. Me dice cosas que en mi cabeza suenan evidentes y otras tantas que me resultan estúpidas, a veces me llega a asquear. Pero es mamá, al fin y al cabo, me gusta soltarle todas mis mierdas, que me escuche y luego me aconseje, aunque solo lo intente, aunque no consiga nada.

Supongo que el vínculo con ella se mantiene aunque pasen los años, aunque nos distanciemos. Supongo que, a veces, sigo necesitando que me arrope por las noches cuando tengo frío, que esté simplemente ahí para hacerme compañía o, como ahora, que me diga que todo va a ir bien, aun sin saber si necesito que me digan eso, aun sin saber si mi vida va realmente mal.

No tengo trabajo y casi no tengo amigos, pero aún no he decidido si mi vida es una mierda.

Pero pase lo que pase, ella está ahí.

Joder, si es que no puedo hacer más que quererla.

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